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"No soy un hombre desarrollado"

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MUSICA: ENTREVISTA EXCLUSIVA CON TOM ZE

"No soy un hombre desarrollado"
Antes de su nueva visita a la Argentina, el genial músico dice que alcanzó el éxito "recién a los 60" y cuenta cómo David Byrne lo "desenterró", evitando que se convirtiera en empleado de una estación de servicio.

Mariano del Mazo - SAN PABLO

Antes de las obligadas —y en él, en apariencia algo forzadas— bromas sobre la final de la Copa América entre Brasil y Argentina, Tom Zé mira con los ojos siempre algo desorbitados, abraza con un cariño nada impostado, dice "bienvenidos" y "gracias por venir" y pone sobre la mesa un diccionario gigante de tapa roja y una inscripción: Portugués/ Español, Espanhol/Portugueis. "Vamos a comunicarnos", dice, como estableciendo reglas. 

A los 67 años, Tom Zé es uno de los personajes más misteriosos e inasibles de la música popular brasileña. Mientras revolotean pájaros más o menos exóticos frente a la ventana de ese séptimo piso del barrio de Perdizes (Tom Zé les deja alimento todas las mañanas), y se va superponiendo camisas y camperas para las fotos hasta quedar convertido en algo así como "un hombre hojaldre", va contando su historia. 

TNació en Irará, un pueblo del Nordeste brasileño, estado de Bahía, en 1936. Su primer contacto con la música fue la propaladora y la radio. "Me gustaba básicamente eso, escuchar música. Pese a los intentos de mi madre, siempre fui una especie de malcriado. Me gustaba leer libros pero no estudiar, quizás robaba dinero de las tiendas. Faltaba a la escuela. Durante mucho tiempo me decían que iba a ser delincuente. Parte de mi familia me miraba con odio. Después me metí a estudiar música en la Universidad de Salvador. Estudié armonía, contrapunto, composición, piano y violoncello con profesores como Koellreuter. Smetak y Ernst Widmer". 

En los años 60 se vinculó con unos "jóvenes irreverentes": Caetano Veloso, Gilberto Gil, María Bethania, Gal Costa. Hicieron algunos espectáculos y fueron dando forma al movimiento tropicalista que en San Pablo se completó con Os Mutantes de Rita Lee.


Enseguida Caetano, Gilberto Gil, Gal Costa se convirtieron en estrellas internacionales. ¿Qué ocurrió con usted?

Usted habla de genios, de personas altamente capacitadas, de gente que hace música con facilidad. Yo no soy así, yo soy un "japonés": tengo que trabajar todo el día para obtener seis compases dignos.

Aparece en escena la sobria Neusa, su leal esposa ("¡más de 30 años juntos!", dirá entre la humorada y la resignación), con una bandeja con café y un plato de pancitos de queso. En un rincón hay una máquina de escribir Remington; el ambiente está dominado por una enorme biblioteca y sillas y sillones de distintos —e incluso antagónicos— estilos. Hay algo de caos contenido en ese ambiente de departamento de clase media paulista. Tom Zé es inquieto y amable. Por momentos no entiende las preguntas. Tiene puesto un par de audífonos: "Me hizo daño ubicarme delante de una batería en el año 72. Quedé afectado por los agudos de los timbales"). De pronto se acerca y dice, como completando la respuesta de lo de Veloso, Gil y compañía. "Lo que ocurrió es que yo fui enterrado".



¿Cómo que lo enterraron?

Hubo un poco de segregación porque yo soy nordestino y hablo como tal. Soycaipira, un campesino. Así que hablo, actúo y tengo una ética campesina. Y por eso fui segregado, no lo dudo. Y existió el problema del Tropicalismo: éramos un grupo de personas y de pronto dejamos de ser un grupo. Como me dijo en su momento el poeta Augusto de Campos: "Quien más tiene en la música popular, más necesita". Así, amigo, me enterraron. En el momento del reparto de honras y la división de méritos, hicieron como que yo no existía. Tuvo que venir David Byrne para desenterrarme.



¿Pero quiénes "lo enterraron"? ¿Sus compañeros de Tropicalismo?

Queda feo señalarlos. Fueron las circunstancias. Los compañeros son humanos y parte de esas circunstancias. Huyo de las intrigas. Me amargarían y no podría componer. No quiero hablar de nada que me haga daño. Al menos hoy.

Tom Zé sacó durante la década del 70 algunos discos geniales, de ruptura, totalmente incomprendidos en su tiempo. Quizás el más trascendente fueEstudando o samba, de 1975 (ver El momento...). El bahiano siguió viviendo en San Pablo al tiempo que se sumía en una depresión "insoportable". Comenzó a tener problemas de dinero. Pensó en emplearse en una estación de servicio en la ruta, propiedad de un sobrino, cerca de Irará. No sabía que, de paso por Río de Janeiro para presentar su película True Stories en el Festival de Cine Independiente, el entonces Talking Heads David Byrne había comprado en una tienda de Leblón una docena de discos de samba. En Nueva York Byrne escuchó los discos y quedó prendado de Estudando o samba. Preguntó —cuenta Zé—: "¿Quién es esta criatura tan cosmopolita?". El paso siguiente de Byrne fue editar a Tom Zé en los Estados Unidos. "Nunca llegué a utilizar el surtidor de gasolina", se ríe ahora.



Usted ha sido muy crítico con el Primer Mundo. Incluso una de sus canciones más conocidas es Compañero Bush. ¿No es paradójico que sea redescubierto por un músico del Primer Mundo?

No vivo en Marte. No es que por no ser del Primer Mundo yo me tenga que sentir un lisiado. Yo tengo que estar agradecido con David Byrne. Y sí, soy crítico. Pero del poder en general. Las figuras políticas son patéticas. Quizás Lula sea una excepción, pero en general son todos patéticos. No solamente Bush. Si hubiera podido, Fernando Henrique Cardozo hubiera invadido la Argentina y el candidato a intendente de San Pablo invadiría los Estados Unidos. Son todos iguales. Mire la cara de cualquier político: parecen monstruos.

El show que dio Tom Zé en Buenos Aires fue uno de los acontecimientos musicales de ese 2003. En ese, su tardío debut en la Argentina, el bahiano hizo música con moladoras y otros elementos industriales, recitó poemas, saltó por el escenario como un mono loco y redondeó una performance memorable. Guarda, dice, gratos recuerdos de esa noche. "Me sentí muy bien tratado. Buenos Aires es muy gentil, el pueblo muy educado. Fue magnífico. Le digo más: hasta me gustaría vivir ahí. Pero, ¿la verdad?, extrañaría la comida de Neusa. En la Argentina hay mucha carne y a mí la carne me pone nervioso. Soy prácticamente macrobiótico. Es el mejor modo que encontré para cuidar mi organismo, herido en mi juventud por la tristeza y la vida bohemia".

Su delgadez lo delata. Tom Zé dice que nunca estuvo tan delgado y con tanta salud. "Ya tengo una edad en la que debo pensar en la muerte. Hago tai chi todos los días. Soy muy nervioso y si no estaría loco. Tengo libros sobre la vida y la muerte tibetanos, que me dio a leer mi psicoanalista".



¿Hace mucho tiempo se analiza?

Desde que puedo pagarlo.

Los pájaros se asoman al cristal de la ventana. Neusa ofrece más café. Hay un choque entre la figura agreste de Tom Zé y y el paisaje agobiante de edificios de San Pablo. "Ya me acostumbré a la gran ciudad. Cuido un jardín del edificio de al lado. Me gusta mucho la jardinería. Me gusta trabajar con flores y plantas, algo nada intelectual ni elegante ni artístico. Para mí es una forma de estar más cerca de la tierra, del barro". Tom Zé desaparece por una habitación y vuelve con un retrato aéreo de Irará. "¿Ves? Acá quedaba la estación de servicio donde iba a trabajar. Acá nací yo. Acá todavía vive un primo... Pero Irará en verdad ya no existe más. Tiene 20.000 habitantes y las calles están llenas de automóviles. No hay silencio."



¿El silencio es importante para usted?

Sí. Me interesa el silencio. Y el trabajo. El trabajo es mi alegría. Me despierto todos los días a las 4 de la mañana, anoto cosas, sigo a las 6, a las 8 voy al estudio a tocar y ensayar, hago un siesta, trabajo hasta las 20 o 21 y me voy a dormir.

Dice que lo obsesiona correrse de lo convencional. "Mi música se nutre de la rebeldía. Quiero que me salgan cosas de las entrañas. No se puede hacer algo nuevo sin tocar las formas". Se ríe de una crítica de una revista estadounidense que dice en un párrafo: "Tom Zé, el Frank Zappa brasileño". "Descubrí el rock and roll de muchacho, en un cine, con Blackboard Jungle, la película con Glenn Ford y Sidney Poitier. Allí escuché por primera vez a Bill Halley. Me puse a llorar. Sentí el dislocamiento de las fuerzas sonoras, sentí que la Tierra estaba suelta en el espacio, en caída libre. A partir de entonces empecé a pensar que toda la música está hermanada, que todo está relacionado: el rock, la bossa nova, el jazz, el tango —con Piazzolla a la cabeza, ese otro rebelde—, todo. Me gusta mucho la música popular. Por eso no la escucho, porque siento celos. Escucho cosas tan buenas, que yo jamás voy a poder hacer por no estar capacitado. Así que pongo la radio en FM Cultura y escucho música clásica. No voy a competir con Beethoven...".

Invita unas golosinas macrobióticas, especies de bananitas con falso chocolate. Habla de cine brasileño y argentino: Ciudad de DiosMadame SataEl hijo de la novia. De Piazzolla y del smog, de marihuana y violencia. Lo atraviesa cierta melancolía. Cuando le pido una autodefinición se embarca en un monólogo encendido: "Hay que confiar en los poetas. Yo soy un vagabundo pero abrigo la bondad. Se puede ver: mi cara tiene bondad. No soy un hombre desarrollado pero tampoco soy tonto, y no quiero ser rico para estar triste y enojado. Mi profesión no me dejó ir hacia un lado triste. No quiero lo vil, lo éticamente bajo. No hago música porque sea un mar de rosas. Elegí hacer música no por fácil sino porque es mi obsesión, y porque debo respetarme. Fui pésimo compositor, pésimo cantante, y saberlo desde joven me ayudó. Debo respetarme. Y estar feliz: tuve éxito recién a los 60".



EL FRANK ZAPPA BRASILEÑO. ASI DEFINIO A TOM ZE UNA REVISTA ESTADOUNIDENSE. EL SE RIE. TIENE 67 AÑOS Y UNA CARRERA MUSICAL NOTABLE. (Foto: Agencia Luz)
Información

Tom Zé actuará el sábado 25 en el Gran Rex, en el marco de Estación Brasil. El festival abrirá el viernes 24 con Arnaldo Antunes, seguirá el 1 de octubre con Nana Vasconcelos y cerrará el 2 con Adriana Calcanhotto.

 

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