
CRITICA
Perfomance extrema
| CRITICA Perfomance extrema
Federico Monjeau. El recital de Tom Zé para la segunda fecha de Estación Brasil es muy parecido a que el músico había dado a fines del año pasado en N/D Ateneo, con la misma banda enfundada en los mismos mamelucos azules: Lauro Lelis (batería), Daniel Maies (bajo), Cristina Carnero (teclado), Sergio Caetano (guitarra) y Jarbar Mair (mandolina). El uniforme de trabajo es una primera declaración sobre la naturaleza de este recital (más acá del desopilante número operario-instrumental del final, con la expresiva percusión de las máquinas afiladoras), que tiene la forma de una performance extrema, del esfuerzo físico límite de un músico que en pocos días cumplirá 68 años.El recital abre con La carta (de su disco de 1978 Correio da Estacao do Brás), donde las estremecedoras contorsiones corporales y vocales de Tom Zé son esqueléticamente acompañadas por guitarra eléctrica y triángulo, y seguirá como continuo arrollador, donde los distintos planos de la interpretación musical, los comentarios de Tom Zé y la intervención del público (que el músico estimula con sentido más constructivo que "expresivo") forman una trama perfectamente articulada. No podría fijarse un solo foco en el arte de Tom Zé, ya que además de su impresionante acción performática hay un trabajo instrumental muy original. La clave conceptual de ese trabajo sigue encerrada en el título de un disco de 1975,Estudando o samba, ejemplar que por entonces pasó un poco desapercibido y hoy es considerado una joya de la discografía brasileña. "Estudar o samba" no consistía entonces en la creación de piezas o melodías límpidamente originales —a la manera de Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil—, sino más bien en una descomposición y reelaboración del samba brasileño; el samba no tanto como "fuente de inspiración", sino como puzzle. Por eso el trabajo de Tom Zé, con sus mamelucos, sus cascos, sus afiladoras y otras tantas máquinas musicales, tiene el aspecto de un mecano, donde las líneas de acompañamiento lucen ligeramente desplazadas, estratificadas e imprevistamente jerarquizadas, como vuelve a oírse hora en Nave María, Companheiro Bush, Lua Grisaol, O amor e velho-menina, Ogene y otras. Su show contó con un distinguido telonero: Luiz Tatit. Autor, cantante y guitarrista, además de ensayista (es autor de un estudio sobre la semiótica de la canción brasileña editado por Escuta), Tatit es una de las figuras principales de lo que ha dado en llamarse la nueva vanguardia paulista. Lo acompañó su hijo Jonas en guitarra. El bahiao sobre las cuatro notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven (sinfonía que "decantó y sólo quedó la raíz"), compuesto junto con Miguel Wisnik, es una de los casos más manifiestos de una poética que se basa más en la interpelación que en la narración y que generalmente se ocupa de reunir tradiciones o contextos alejados. |
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