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La música amparó y dignificó mi rebeldía"
Maria Luisa Toribio
No se trabajar con lo contemplativo. Mi música sólo está hecha de cosas cognitivas, tangibles". El músico brasileño Tom Zé, que abre esta noche el Fetival de Otoño, define de esta manera el contenido de sus canciones.
La Estación Madrid-Brasil del certamen musical cuenta por primera vez con la presencia de este creador. En su haber, uno de los indices de popularidad, según dicen, más altos de Brasil, y uns discografía y un público nutridos.
Pretende ganarse también al madrileño con un repertorio de canciones que trace, en sus propias palabras, "la espina dorsal de su carrera".
La fusión de cadencias sabrosas con acordes ultramodernos es el señal de identidad de Zé. En las raíces de ese estilo tan definido están la lógica inamovible de la escala musical, que le fascinó cuando era niño, y el lenguage campesino que aprendió en la tienda de tejidos de su padre en Irará, su pueblo natal. "Fue un aprendizaje más sofisticado que el que se hace en cualquier universidad", cuenta.
Tras el deslumbramiento inicial, la necesidad: "En mi juventud atribulada y terrible, la cuerda a la que me agarré se llamaba música", explica. "Fue lo que amparó y dignificó mi rebeldía". Rebeldía que afirma conservar íntegra, porque es el motor con el que se impulsa a hacer cosas nuevas y el elemento que le vuelve fértil.
La transgresión es, además de un lema, una de las palabras que define su música. Las otras dos son la innovación y una profunda autoexigencia.
"El camino del desarrollo personal nunca termina", explica. "y mis canciones se contagian de ese desarrollo íntimo". Sabe que algunos le tildan de inconformistas con su propia obra, pero en realidad se trata de perfeccionismo, "porque no soy Apolo, el dios de la lira", bromea.
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